Un señor de Pegalajar

Prácticamente desperté el martes santo con la triste noticia de la pérdida de Antonio Valverde, y la satisfacción de haber disfrutado plenamente de nuestra Semana Santa, apenas horas antes como quien dice, se empañaba y ya no fue igual el resto del día.

Llegaba la noticia a mis padres encontrándose en San Pedro de Alcántara donde no hace mucho, precisamente, coincidíamos su familia y la nuestra en Guadalmina alta hará dos veranos. Y allí en territorio casi exclusivo de madrileños y vascos, dos familias de Jaén que se encuentran sorpresivamente se hacen notar sobre todo si el afecto es palpable. Y más todavía habiendo un pegalajeño entre medias, y a Antonio Valverde se le notaba a kilómetros en su carácter que era de Pegalajar, donde incluso llegó a ser alcalde durante un tiempo.

   Pero si yo por algo lo recuerdo, especialmente, es porque era el Presidente…ni más ni menos que de la comunidad de vecinos donde un servidor se ha criado. Con el tiempo he aprendido que ese papel es un mochuelo que puede caerle a uno a veces casi sin remediarlo y no precisamente por gusto, pero a la corta edad de un niño de cinco o seis años, el Presidente de la comunidad además de ser una autoridad era también toda una institución, y Antonio Valverde entre nosotros lo era. Por eso, cuando llegaba el verano y se organizaban juegos y campeonatos para nosotros, recibir una medalla o un diploma te hacía sentir feliz y hasta importante si era él quien personalmente, puesto en pie, te hacía la entrega y te estrechaba la mano para darte la enhorabuena por tu éxito. Entonces tú no te cambiabas por nadie en unas fiestas de convivencia que por desgracia ya se han perdido.

Veterinario de profesión, en un tiempo en el que en Jaén los veterinarios se contaban con los dedos de las manos. Ejerció como tal, en multitud de festejos taurinos de toda la provincia perteneciendo a los distintos equipos veterinarios siempre indispensables en las tardes de toros, una labor que caló en la afición de sus hijos, e incluso de sus nietos, pues a Manu es fácil encontrárselo en algún tendido del Coso de la Alameda cuando hay toros en Jaén.

Precisamente por su labor como veterinario hace muy poco la Peña Oliva y Oro, con sus hijos Jane y Luisca al frente, lo nombraba “Socio de Honor”, en un acto íntimo, familiar pero sobre todo inesperado para él –fue una sorpresa- recibiendo un empujón de energía y vitalidad. Una satisfacción enorme. La misma que yo me llevé aquel día cuando mi padre regresó a casa narrándome aquello y trasladándome una confesión que Antonio le había hecho: era lector habitual de Viva Jaén y seguidor de esta columna.

Así pues, permítanme tener un recuerdo a tan insigne “partidario”, agradeciéndole tan buenos momentos llenos de cariño en mi infancia. Un especial abrazo a la familia Valverde.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

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