Ponce,25 años

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Sostiene mi padre la teoría que cuando Enrique Ponce diga de marcharse definitivamente de los ruedos, será entonces cuando comience a reconocerse la dimensión de lo que en ellos ha conseguido en todo este tiempo.

  Veinticinco años de alternativa, que se dice pronto. Y mientras algunos agoreros sugieren que ya está bien por su parte y hace tiempo que debía haberse marchado yo en cambio no encuentro el momento de poner fin a una trayectoria a la que sinceramente pienso que no se le divisa la cima de su  límite.  La semana pasada en su plaza de Valencia nuevamente otra tarde impresionante donde demostró por enésima vez la capacidad infinita de su tauromaquia y la raza de un figurón que a estas alturas es capaz de salir a arrear como quien empieza y anda canino en el toreo. El percance que le ha reventado la clavícula llegó tras entregarse de verdad en la suerte suprema, al todo o nada. Y la imagen, marchando sereno sin un mínimo gesto de queja por el inmenso dolor, camino de la enfermería con la satisfacción del triunfo pese al precio de la cornada, impresiona.

  Es, con mucha diferencia, el torero al que más veces he visto en mi vida. Una foto junto a él en  una novillada en Navas de San Juan a finales de los ochenta quizás certifique la primera vez que lo ví torear cuando yo era un niño muy pequeño. Precisamente esto me ha permitido siempre reafirmarme en mi convencimiento de lo que Ponce supone en la tauromaquia actual cada vez que en una espontánea conversación no ha faltado el detractor de turno, que aferrado a tópicos mil veces repetidos y a veces carentes de fondo, se afanaba en denostar a un torero de época. Porque lo que él ha conseguido en el toreo muy pocos lo han logrado, estadísticas al margen.

  Y sepan ustedes, dicho sea de paso, que Enrique Ponce es el torero que más ha toreado en nuestra ciudad a lo largo de toda su historia. Porque ni en la antigua plaza ni en el Coso de la Alameda actual, ha habido un diestro que haya hecho el paseíllo tantísimas veces como él. Desde becerrista a matador de toros. Tanto en San Lucas, el Domingo de Ramos, la Virgen de la Capilla o festejos atemporales como la corrida de la inauguración de la cubierta o incluso la corrida de Expoliva, a lo que hay que sumar evidentemente el tradicional festival a beneficio de la Asociación de la lucha contra el Cáncer, el cual no puede entenderse sin él. De ello da fe el edificio que se consiguió edificar y que hoy día es la sede, convirtiéndose uno de sus laterales en la calle Enrique Ponce. La primera que se dedicó a este torero nacido en el pueblo valenciano de Chiva, forjado taurinamente en tierras de Jaén desde que viniera a Navas de San Juan a vivir, cuando muy pocos podían imaginarse que se convertiría en el grandioso torero que con el tiempo ha sido y es.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

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