Don Luis, el Sabio

Luis-Aragones

En Padua, ciudad de Italia donde estuve de Erasmus, una mañana cerca de nuestra Facultad se formó un gran revuelo. Se cortaron las calles, se extremó la vigilancia y todo el entorno se llenó de gente. Preguntamos y nos informaron que aquello era porque iban a hacer un homenaje “al Lipi” y a mí irremediablemente no se me ocurrió otra cosa que pensar en un banderillero sevillano al que conocí en un festival en la portátil de Arjona. Evidentemente a él no le iban a hacer un homenaje desde un balcón del célebre Café Pedrocchi de Padua…sino realmente se trataba de Marcelo Lippi, el que fuera entrenador de la selección italiana de fútbol tras haberse proclamado campeones del mundo.

  Durante un rato disfrutamos de un ambiente que envidiábamos viendo tanto italiano disfrutando con bufandas de “La Azzurra” dando por hecho que nosotros por mucho que España fuera una potencia deportiva, jamás viviríamos algo así con el fútbol de por medio. Unos cuantos meses más tarde aquel incrédulo pensamiento se convirtió en una realidad gracias a un gol de Fernando Torres en Viena. Él fue ejecutor del hecho que todos soñábamos pero creíamos imposible y posible fue gracias a Luis Aragonés, que unificó bajo un mismo color a lo mejor de nuestro fútbol, a pesar de que Raúl no acudiera convocado con lo que aquello supuso entonces.

   Ahí nació el espíritu de “la Roja”, que dicho sea de pasa no me gusta denominar así a un equipo que siempre conocimos como la selección o simplemente España, que es lo que éramos, somos y seremos. Un triunfo deportivo que revertió en nuestra sociedad, cuando la crisis comenzaba a pegar bocados en un país que aquellos días demostró que en Bilbao o en Barcelona pueden verse banderas españolas colgadas de un balcón y en manos de un ciudadano.

   Recuerdo a Luis Aragonés puesto en pie en la banda del Estadio de La Victoria el año de su estreno, dejándose la voz en dirigir a su Atleti mientras los jienenses se guaseaban coreando “Ea, ea, ea…el abuelo se cabrea”. Cosas del fútbol en esta ciudad.

  Aquella imagen, de un anciano en chándal, rebosando carácter y genio no me dejó indiferente desde la distancia del Fondo en que me encontraba.

  Le llamaban “Zapatones”, pero también el “Sabio de Hortaleza”, como si fuera un cantaor o un torero (fue muy partidario de Antoñete). Su experiencia como trotamundos de nuestro fútbol, primero como jugador, luego como entrenador, fue acumulada y transformada en sabiduría al servicio del deporte de la pelota. Por eso, cuando el destino le puso en suerte ser el seleccionador nacional, al mismo tiempo se estraba fraguando la oportunidad de comenzar a escribir una historia gloriosa que con él se inició y ojalá no se acabé.

   Ha muerto y se pierde su persona,pero no su espíritu. El de la lucha, el coraje, la raza que él inculcaba a los suyos, a los nuestros. La de salir a ganar, a ganar y a volver a ganar.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

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