Tío Diego

Termina la Feria. Cada uno la vive como quiere, y también como puede, o incluso ni lo uno ni lo otro. Una semana de fiesta y diversión que al mismo tiempo puede ser mucho más que eso. Aquí, que somos muy dados a enterarnos de las cosas una vez que ya se han celebrado, si dedicásemos al menos un segundo a conocer el programa oficial, sorpresas nos llevaríamos.

   Cierto es que la crisis progresivamente ha ido menguando la oferta. Austeridad se le llama al intento de dar sólo lo justo, de no programar por encima de lo imposible. Por eso no ha habido grandes conciertos ni seguramente tantas otras opciones que cada uno echaría en falta. Un poquito de cordura porque más no se puede.

   Por eso, y aunque nunca he participado ni he asistido a la cita, me alegro que se siga manteniendo el certamen de pintura rápida “Diego Figueroa Hortelano” un año tras otro por San Lucas. Más allá del premio que se conceda, que a veces es lo de menos, sino por honrar a la figura de un jiennense del que soy sobrino, al que la vida se le frenó en plena juventud justo cuando la mía comenzaba.

   Por él cada octubre los pinceles se reúnen para inmortalizar los rincones más hermosos de una ciudad por la que él se desvivió y que en cuestión de segundos, o minutos, dejaba plasmada en una cuartilla, o un trozo de papel, sin tener que fijarse muchas veces porque llevaba Jaén metida en la cabeza. Así me lo contó en muchas ocasiones nuestro recordado tío Manolo Ochoa, con el que me gustaba pasear cada vez que venía de Huesca y mientras me enseñaba mi ciudad –y eso que él era riojano- se reía y los ojos se le iluminaban relatándome cómo Dieguito era capaz de dibujar la Catedral de Jaén allí donde estuviera. De memoria, en apenas un momento.

   Años atrás en Jaén varios galardones de prestigio que llevaban el nombre de jiennenses ilustres dejaron de convocarse. Otros ni se concedieron habiéndose fallado Y no siempre por cuestiones económicas, sino por desgana, desinterés e informalidad. Con ello se ha hecho un daño irreparable a aquellos a quienes se pretende recordar, y eso es muy triste. Y por esto precisamente es de agradecer el esfuerzo y sobre todo la sensibilidad de quienes hacen posible que este certamen continúe y su memoria perviva en el recuerdo de una familia, de muchos amigos y su ciudad, aquella que mantiene su recuerdo por San Lucas cuando un dibujo con rasgos de Zabaleta se deja ver bajo el nombre de Pepeíllo en el ferial, o cada Lunes Santo en La Merced cuando la Virgen de las Lágrimas llora su ausencia mientras mi Tuna le ronda, y nuestra bandera con el escudo de Jaén y los Estudiantes sobresale en un momento que es posible gracias a un tuno de Derecho de Granada,y cofrade, que hace más de treinta años creó este mágico momento que ahora muchos disfrutamos. Y entre ellos, este que emocionadamente sabe por qué y por quién está ahí.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

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