Contra el fuego

Mediados de julio y ya mismo agosto. Verano en pleno apogeo, con sus canciones de verano, sus apartamentos de verano para quien los tenga, sus casas de verano en el campo para quien los tenga, sus tintos de verano para quien los quiera y así tantas y tantas cosas casi únicas y exclusivas de este tiempo. Y precisamente, y al mismo tiempo lamentablemente de este tiempo también son frecuentes y clásicos los incendios que cuando menos lo esperamos acaban calcinando nuestro país de una punta a otra.

   No hay verano en que no nos libremos de titulares en periódicos e imágenes desoladoras en los informativos que nos muestren casi siempre nuestros montes en llamas. Unas veces porque la naturaleza es caprichosa y descontrolada, otras, porque hay demasiado imbécil suelto que no tiene mejor cosa que andar pegando fuego a lo primero que pilla. Parece que cada año le toca a una población determinada que la desgracia se acabe cebando con ella, y en ese sentido se me viene a la memoria el recuerdo de la Costa del Sol ardiendo hace ahora un año. Jaén, tanto la capital como la provincia ya ha rellenado las estadísticas de este verano con algún incendio reciente y esperemos que ahí quede la cosa y no haya que lamentar más desastres.

   Una cantinela que como digo, desgraciadamente se repite año tras año cuando llegan estas fechas en el calendario. Cuando yo era pequeño en televisión era habitual cada verano la emisión de un anuncio con el lema “todos contra el fuego”, que sin duda caló hondo entre los niños por su canción pegadiza y muy especialmente por el mensaje que quería transmitir. Ahora quizás pienso que se ha bajado la guardia en cuanto a la concienciación social de lo que este peligro supone y el deber de todos de actuar para prevenirlo. En ese sentido, quisiera acordarme de un amigo, compañero abogado hoy día, que cursó la carrera mientras desempeñaba su profesión de bombero. Él me relató numerosas historias que al oírlas te da un vuelco el corazón por el peligro del momento y la heroicidad anónima de los bomberos. El riesgo siempre presente, un enemigo a combatir, el tiempo actuando a contrarreloj y en muchas ocasiones una vida en juego. Cuestión de segundos, la obligación de actuar sí o sí, la incertidumbre de lo que te puedes encontrar y finalmente la satisfacción del deber cumplido.

  Ellos trabajan por y para nosotros. Nuestras imprudencias, muchas veces, hacen que ellos pongan su vida en juego. Prevenir el fuego, como diría un anuncio institucional, es misión de todos.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

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