Un Nobel al alimón

ponce vargas llosa

Ha sido nuestro campo bravo escenario de un hecho singular. Un grande del toreo, Enrique Ponce, y otro de las letras, Mario Vargas Llosa, lanceaban conjuntamente a una erala en Cetrina, la finca del primero en Navas de San Juan. Al alimón, que viene a ser la forma más asequible de ponerse por primera vez delante. Suerte en desuso en nuestros ruedos, plasmada entre las litografías de “La Lidia”, buceando entre los libros encontramos imágenes del pasado donde Mazzantini, Guerrita o Gallito no desaprovechaban ocasiones para lancear de tal forma, compartiendo capote entre dos o aquella famosa escena de tres de los Bienvenida frente a un toro, dos de ellos dando salida al alimón rodilla en tierra mientras el tercero espera para citar con las banderillas. Sencillamente sublime y tristemente imposible de ver en la fiesta actual

 Es el lance al alimón una especie de bautizo taurino para aquel que quiere dar ese paso adelante y sentir intensamente la bravura rozando su cuerpo. Postergado a capeas y fiestas camperas, el tacto primero con el percal y a veces único y último para quien desea experimentar esa insólita sensación, la mayoría de las veces empujado por alguna que otra copa de más.

  En cuanto a lo de Vargas Llosa y Ponce en la soledad de la plaza de tientas, aquí en Jaén, existe un precedente histórico que el centenario fotógrafo Cano inmortalizó en su día cuando de igual forma toreó Domingo Ortega compartiendo capote con Ortega y Gasset. Esa fotografía durante mucho tiempo ha venido a demostrar por sí sola la fuerte unión del mundo de las letras hacia el de los toros, ratificando en el caso de Ortega y Gasset la importancia que siempre dio hacia la Fiesta, pues no en vano fue quien convenció a José María de Cossío para que diera forma a la enciclopedia “Los Toros” que todo el mundo ha acabado conociendo bajo el nombre del escritor vallisoletano.

  En un momento como el que el toreo vive, celebro y valoro el gesto del escritor peruano con el diestro jienense de adopción. En una ocasión presencié un festejo donde él se encontraba presente. Fue en la plaza de Marbella. Justamente, a escasos kilómetros, en la de Puerto Banús y al menos diez años antes, escasamente dos o tres filas por debajo mía en una corrida nocturna se encontraba presente otro Premio Nobel: Camilo José Cela, quien se diferencia del autor de “Lituma en los Andes” por salir en el Cossío. Adivinen el por qué.

  Quizás el entorno literario sea el habitual para cruzarse con un Premio Nobel de Literatura. Yo, casualmente, he tenido esa oportunidad por dos veces y en una plaza de toros. Suerte la mía.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

Foto: enriqueponce.com

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