Torear

Catedral_torera_005Llenamos la Plaza de Santa María de capotes y muletas. Un tropel de niños pequeños irrumpió con fuerza, inundando de alegría y sonrisas un espacio reconvertido en escenario taurino. Y entre los pequeños de la Peña Taurina Infantil “El Torito”, el matador de toros de Cortijos Nuevos Alberto Lamelas, la Escuela Cultural de Tauromaquia de Jaén y la Asociación Taurina de Aficionados Prácticos de Jaén, nuestra ciudad se llenó de toreo. Una clase de toreo de salón al aire libre, en público.

Puede haber quien se lleve las manos a la cabeza por esto, pero nada más lejos de la realidad, se trata de una iniciativa que ha sido puesta en marcha en casi toda España. A modo de efecto dominó plazas y parques de todo el país se han ido llenando de niños y toreros que han toreado en público, y en Jaén donde las cosas tanto suelen tardar en llegar, antes o después le tocaría vivir un momento así. No fue casualidad que el marco escogido fuera la Plaza de Santa María. Por un lado porque se buscaba seguir impulsando a nuestra Catedral en su objetivo de conseguir que sea declarada Patrimonio de la Humanidad, por otro, porque se volvía a los orígenes de la tauromaquia ya que era antiguamente en las plazas mayores donde se celebraban los festejos taurinos.

Tuve el sábado el enorme privilegio de torear de salón a los pies de la catedral de mi ciudad. Las sensaciones, para mí se quedan. Una oportunidad compartida junto a mis amigos y compañeros de la Asociación de Aficionados Prácticos de Jaén. Uno de ellos, Javi Ratia, me decía al concluir la jornada que a pesar de encontrarse muy afectado por la alergia no quería perderse la ocasión y que a gloria le sabían aquellas palmas que los jienenses brindaban a todos cuantos toreaban. Por minutos, se sintió torero.

Suelo decir que para mí torear es mucho más que un simple verbo. El sábado torear fue un ejercicio de libertad y un acto de reivindicación del toreo como parte de nuestra cultura. Atraídos por la curiosidad muchos ciudadanos se acercaron. Y Muchos turistas. El respeto hacia lo que allí se estaba viviendo era máximo. La admiración también, porque todos los presentes quedaron perplejos por la forma de ser, estar y torear de todos los alumnos de la Escuela Taurina, desde el más grande al más chico.

  Llegó un momento en el que hubo quienes no pudieron contener sus ganas de torear, se dejaron llevar y acabaron dibujando lances al aire de Jaén. Un padre me comentaba que su hijo aquella mañana había salido de casa con un pequeño capote bajo el brazo y quería torear, o jugar al toro, como siempre hicimos cuando éramos pequeños igual que todos aquellos niños que en la mañana del sábado rebosaban ilusión en sus rostros y sin complejos jugaban al toro en la calle.

  Viendo lo vi y viviendo lo que vivimos no tengo dudas que esto no se muere. Sólo es cuestión de continuar con la transmisión de valores del toreo y seguir entre todos fomentando la afición. En ese sentido, hay que apuntar un tanto a la empresa RB Producciones Taurinas, artífices de esta iniciativa como tantas otras que están llevando a cabo para levantar la afición de Jaén partiendo de la base: el futuro.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

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