El Kist

Sería por junio, o quizás por julio. Veníamos de algún bar y nos dirigíamos a cualquier otro sin salir del barrio de San Ildefonso. Pasábamos por la calle Melchor Cobo Medina y mis ojos se quedaron clavados en la puerta de un local. Más concretamente en su fachada y para ser más exactos en el azulejo que daba nombre al sitio.¡No puede ser verdad!, exclamé para mis adentros. Miré, me fijé y volví a mirar para darme cuenta que no era fruto de mi imaginación aquello que estaba viendo: un bar en Jaén con el nombre de “El Kist” sobre la silueta de unos labios. Dado que iba acompañado, y con prisas, lo dejé pasar y pensé que sería fruto de la casualidad.

El KistJaén

Meses más tarde regresé, ya con el otoño metido en nuestro cuerpo y aquella sorpresa de entonces, se volvió mayúscula al compartirla con mi madre, mi tía y mi hermana. ¿La razón? El nombre y aquella imagen se deben a una bebida, un refresco americano, que nuestra familia durante más de una treintena de años comercializó en el norte de África, y hasta donde sé tengo entendido que aquel diseño es obra de mi abuelo.

  La curiosidad nos llevó al límite, a querer conocer el cómo, el por qué y efectivamente tras las puertas de “El Kist”, hay un Weil. Por nombre Javi, de los Weil de Melilla de toda la vida, como el abuelo de quien esto escribe, aunque él viva en Ceuta, que precisamente es de dónde es mi madre.. Así pues despejada la incógnita, sorpresón y alegría a partes iguales, porque después de muchos años en Jaén a mi madre le ha salido un primo aquí, y él se ha encontrado con que el apellido para muchos impronunciable que ambos compartimos para algunos ya era algo conocido.

   Javier y Ana, su mujer, tuvieron la idea de bautizar así a un proyecto que ambos iniciaron con ilusión. De eso hace ahora más de un año y “El Kist” se ha convertido en bastante más que un simple bar de entre los muchos que a nuestro paso encontramos por las calles de San Ildefonso. Una propuesta gastronómica y al mismo tiempo de ocio. Una plataforma para combinar la hostelería con las artes, porque sus paredes frecuentemente dan soporte a exposiciones de fotografía o pintura. También un espacio para la música en vivo, algo que tristemente en Jaén cada vez es menos frecuente y que hace diferenciarlo de cualquier bar al uso. Muchos elementos reunidos que consiguen crear un clima sugerente, que invita a quedarse, sobre todo si  nos dejamos llevar por lo que la pizarra anuncie ese día. Entre fogones Javi Weil es un fenómeno, no puedo decir otra cosa. Originalidad, innovación y buen gusto se dan la mano en cada uno de sus platos, de entre los que yo destaco la espectacular hamburguesa con queso de cabra que me comí hace unos meses. Lo de espectacular, aparte de por el sabor es por el grosor/tamaño de la misma. No pueden hacerse una idea a no ser que la hayan probado y si no lo han hecho háganlo pronto. Visiten “El Kist” al menos una vez, porque merece la pena, igual que el esfuerzo y la ilusión de Ana, Javi y quienes con ellos día a día dan vida a este local con el nombre de un refresco, tan ligado a Ceuta y a Melilla, como a mi familia.

  Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

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