Caballo tordo

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El caballo no era blanco, era tordo. El que se escapó y anduvo cabalgando por el Gran Eje días atrás. Mi amigo Manu Ruiz quiso hacer esa puntualización vía Twitter, para rectificar a quienes apresuradamente pusieron al personal en situación de que había un caballo desbocado por las calles de nuestro Jaén. A golpe sincronizado de pulgares, por medio del smartphone, se twittea al instante y se pone en conocimiento que un jaco anda suelto como si fuera al culminar el último tramo de la San Antón. Minuto, resultado e incluso diversas imágenes de la increíble situación al alcance de cualquiera que tenga una cuenta en Twitter, la red social que se ha convertido en una especie de corrala en la que todo el mundo habla, cuenta y rumorea. O fotografía al instante.

  Unos exageraron aquello en exceso y otros se limitaron a contar escuetamente lo poco que pudieron ver. Siendo como somos en Jaén, no faltaron tweets realmente ingeniosos, a medio camino entre la guasa y la mala follá, de entre los cuales yo me quedo con aquel que venía a decir que el ayuntamiento había camuflado un radar en el interior del caballo.

  Hace no mucho, escasamente unas semanas, andaba yo en el Venecia echando el café de la tarde cuando de pronto sentí el ruido de unos cascos en el silencio de la calle, acompañado de cierto tufillo a Zotal. Giré la vista hacia la terraza, en Nuñez de Balboa y ví pasar por delante de mis narices a un gachón a lomos de un caballo tordo. Ignoro si se trata del mismo jaco que se escapó por la Avenida de Andalucía, pero sí les tengo que reconocer a ustedes que la imagen me obligó a reflexionar unos momentos, ya que en una sociedad como la nuestra, y en un Jaén en el que vivimos donde un tranvía muerto atraviesa la principal calle de nuestra ciudad, en un intento por modernizar el transporte local, aún hay personas que siguen desplazándose a lomos de las bestias. Como si el tiempo no hubiera pasado y se hubiera vuelto de color cualquier fotografía en blanco y negro con la misma escena, de esas de principios del siglo pasado que en los libros de la historia de Jaén hemos visto todos.

  Aquello que sucedió en el Gran Eje la otra noche pudo ser una verdadera tragedia. Si no lo fue, entre otras cosas sería por la nobleza del animal, que acabó siendo amarrado a una farola. Esto me recuerda ligeramente a aquello que sucedió en la Gran Vía de Madrid en 1928, cuanto un toro que llevaban camino del matadero se escapó y acabó imponiéndose en la mismísima Gran Vía. Casualidad fue que por allí estuviera paseando “Fortuna”, que junto a Mazzantini, Martín Agüero y “Cocherito de Bilbao” fue uno de los precursores del actual Iván Fandiño en lo que a diestros vascos de renombre se refiere. “Fortuna”, por nombre Diego Mazquiarán, se quitó el abrigo y lanceó con él, entre tanto que le hacían llegar un sable desde el Casino Militar, que no le fue útil. Mandó que le trajeran un estoque desde su domicilio y una vez se lo trajeron, tras retenerlo durante un tiempo, se cruzó con él y con media y descabello “sui generis” lo hizo rodar. Cómo no sería aquello que le pidieron la oreja desde los balcones y lo llevaron a hombros por la calle. Por aquella hazaña le fue concedida la Cruz de Beneficencia. ¿Se imaginan ustedes que algo similar hubiera pasado aquí el otro día?

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

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