De blanco y azabache

La estantería del pasillo de mi casa está llena de películas de cine taurino en viejas cintas de vhs y en menor medida en dvd. La película “Aprendiendo a morir” de Manuel Benítez “El Cordobés”, con guión de Tico Medina y que en parte está ambientada en Baeza no sé la de veces que habré podido verla por la sencilla razón que cuando era pequeño la veía casi a diario. Cine taurino y en blanco y negro.
  Se sorprenderían si supieran la cantidad de películas que sobre tema taurino se han filmado a lo largo de la historia. Mi admirada amiga Muriel Feiner, periodista taurina neoyorquina, sí, de Nueva York, tuvo hace un años la ocurrencia y la paciencia de ponerse a investigar sobre el tema y publicó un libro exhaustivo que recoge lo que el mundo del celuloide ha dado de sí en relación al mundo del toro. En él queda de manifiesto que “Torero”, protagonizada por el mejicano Luis Procuna y “Tarde de Toros” con Domingo Ortega, Antonio Bienvenida y Enrique Vera, son las únicas que se salvan. La única ocasión que tuve la oportunidad de tratar a Agustín Díaz Yanes, hijo del gran banderillero “Michelín”y por cierto guionista en “Belmonte”, vino a corroborarme lo mismo. Que salvo esa excepciones el cine taurino es mediocre tirando a pésimo.
  El domingo pasado 10 Goyas 10 se llevó “Blancanieves”. Una película que quizás sin pretenderlo en un principio resulta ser taurinísima. Pablo Berger se ha acercado con curiosidad y sin complejos al mundo del toro y lo ha retratado con respeto, cariño y elegancia. Muestra una triple visión taurina: la del toreo en sí, el toreo femenino y muy seriamente el toreo cómico. Precisamente el guiño que hace al toreo bufo es brillante. Hasta entonces sólo en la versión de “Currito de la Cruz” de “El Pireo” y en “Tú Sólo” con el espectáculo del “Chino Torero”, el toreo cómico había tenido sitio en la gran pantalla.
  En el cine Roxy de la calle Fuencarral de Madrid pude ver esta película. Venía de ver la última tarde del “Fundi” en “Las Ventas” porque me encontraba allí aquel día y quería ser testigo de la despedida de un gladiador del toreo. Entré a la sala con intriga y salí encantado. Pura fantasía durante menos de dos horas. Tauromaquia a raudales y sorpresas continuas. Sorprende la apuesta por el cine mudo y en blanco y negro, como las películas antiguas de cine taurino. De blanco y azabache en la pantalla. Una gran película con trasfondo taurino que ha triunfado en la semana en que el Congreso de los Diputados ha dado un paso para declarar la Fiesta Bien de Interés Cultural. Con esta película queda demostrado que los toros interesan a la cultura.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

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