Nostalgia del hípico

Allí donde en otro tiempo hubo un campo hípico hoy día no hay nada, o si lo hay es algo que se asemeja a un enorme scalextric a medio construir. Un mega aparcamiento sin acabar que la pasada semana rellenó titulares en los medios locales y generó polémica en la calle. Digo esto porque al pasar por la Plaza de los Jardinillos tras bajar las escaleras de Correos, a modo de sanedrín varios ancianos de nuestra ciudad trataban el tema con el que cabreo propio de quien ve que Jaén sigue teniendo ancladas algunas de sus obras. Y como no son una, ni dos ni tres…pues el jiennense de a pie se enoja y con razón.

    Del aparcamiento que no tenemos finalizado y del dinero previsto para ello y que al parecer se ha diluido en estos años, no seré yo el que les hable porque como ya ha quedado dicho, ya se habló y se escribió holgadamente días atrás. Y lo hicieron quiénes tenían que hacerlo. Yo lo que vengo a apuntar es que en ese sitio y durante largo tiempo hubo siempre un campo hípico, y para más señas un club, donde muchas generaciones de jienenses compartíamos nuestro tiempo con los caballos. Ahora cuando paseo por La Alameda en las tardes en que me acerco al Coso cincuentenario que la flanquea, de vez en cuando me entra la cosita de asomarme a ver los caballos y recordar tiempos de mi niñez y lo que me encuentro es bien distinto.

    Pertenezco a ese grupo de jienenses que en algún momento de su infancia acudía a montar a caballo como alumno de la escuelas deportivas municipales dentro de unas instalaciones que asombraban sobre todo a los de fuera. En Jaén no es que hubiera ni antes ni ahora furor por lo ecuestre. De hecho, exceptuando Cubero con sus legendarios caballos inamovibles en la puerta, los negocios del sector que aquí se iniciaron no duraron mucho. Tampoco han proliferado los jienenses que hayan querido emular a Álvaro Montes, quien por cierto iniciaba temporada el domingo en Ajalvir (Madrid) y se suspendió. Pero afición al caballo hay en Jaén, eso es innegable.

  Por eso, la ubicación del hípico era privilegiada y la oportunidad para los niños de poder tomar contacto con los caballos, inmejorable. Ahora por suerte Jaén cuenta con varios centros dedicados al mundo ecuestre, pero casi todos ellos algo alejados de la ciudad y evidentemente no es lo mismo. El hípico tenía su encanto. Y en verano como terraza también.Ahora allí ni lo uno ni lo otro.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

 

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