El trastero del museo

Desde que recuerdo, a lo que siempre fue la cárcel antigua tengo asociado a ella la imagen de aquellos campillos de fútbol adosados tras uno de sus muros. Ignoro el nombre artístico de los mismos si es que acaso tuvieran, porque para mí y para muchos no se conocían de otro modo que no fuera ese: campillos de fútbol.

   Con espacio suficiente para disputar dos partidos al mismo tiempo, con precarias porterias que apenas se mantenían pero que eran suficientes para mantener la ilusión de muchos jóvenes, aquella instalación suponía además un gran pulmón verde al inicio del Gran Eje. Parte de la letra del bolero “Dos Cruces” se le puede aplicar perfectamente: “Ya todo aquello pasó/ todo quedó en el olvido” porque lo que otrora fue un espacio deportivo hace tiempo que pasó a convertirse en el trastero de las obras del Museo de Arte Íbero. Un majestuoso proyecto estancado en el tiempo.

   Si antes la imagen de un centro penitenciario en pleno centro de la ciudad no daba buena sensación, la actual, la de una obra algo faraónica casi abandonada, reconvertida en gatera, tampoco alegra la vista al paseante. Un revoltijo de chapas, casetas de obras, vestigios de aquella cárcel y maleza suficiente como para esconder en su interior a una piara de muflones. A ello hay que añadir la función de tablón de anuncios que con el tiempo ha adquirido la parte que da al Paseo de la Estación. Como será aquello, que si yo no ando puesto en lo que se va ofreciendo culturalmente por Jaén acudo presto hasta allí para salir de dudas ante la programación cultural que allí se oferta.

   A hablar de cómo va el tema vino aquí la pasada semana Luciano Alonso. Se personó para decirnos que el Museo es una prioridad para la Junta. Eso meses después de que en prensa saliera publicado que no había dinero para continuar y rematar la obra, no creo que levante gran entusiasmo entre los jiennenses a estas alturas porque aquí lo que la gente ansía es que dejemos de estar a la cabeza del paro a nivel nacional.

Decía que se reanudarán las obras a inicios del año que en breve vamos a inaugurar y que poco a poco se irá culminando una realidad que parece ser que nunca se iba a materializar. Entre tanto, el uso de aquellos campillos de fútbol seguirá siendo usurpado por el cúmulo de muchas circunstancias y los jóvenes tendrán que seguir aguardando para echar a rodar el balón, para quitarle la correa al perro los mayores y para dar tres naturales y el de pecho aquel aficionado que algunas noches, en silencio, de madrugada, casi furtivamente soñaba el toreo sin que nadie lo viese. Mitad leyenda, mitad verdad.

Publicado en el Diario Viva Jaén
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