El duro mazazo de las tasas judiciales como financiación

Justo ahora hace una semana el Palacio de Justicia se convertía durante la mañana en el centro de atención informativa y lo hacía por partida doble. De puertas para adentro porque se vivía uno de esos juicios desagradables de celebrar en sala como fue el que ha llevado a condenar a una madre a diecisiete años de prisión por asesinar a su bebé recién nacido en la primavera de 2011. Y de puertas para fuera, más concretamente en la escalinata, porque la abogacía jiennense se plantaba para protestar ante la medida anunciada por el Gobierno de implantar unas tasas judiciales que entrarán en vigor durante esta semana.

    Y al igual que en Jaén, en muchos sitios de España a la misma hora se repetía la escena. La implantación de las tasas judiciales no ha sentado nada bien entre los profesionales del Derecho, y seguramente menos a los clientes a partir de su entrada en vigor por lo que viene a suponer que no es otra cosa que el encarecimiento del acceso a la Justicia. Con el pago de dichas tasas al ciudadano se le quitarán las ganas de luchar judicialmente, circunstancia que en muchas ocasiones más que un mero capricho es una necesidad. Pagar y pagar por luchar ante un resultado judicial incierto para sus intereses y que dividirá la Justicia en dos: la de aquellos que tengan recursos para pagarla y la de aquellos que carezcan de recursos económicos para pagarla.

    Se pretende con esta medida descongestionar la sobrecarga que actualmente invade los juzgados donde los procedimientos se alargan y la espera al cliente y abogado desespera. Pero también se busca un beneficio que se reinvierta en la financiación de  la justicia gratuita. La Justicia como fuente de recaudación.

   Sea como fuere, la implantación de las tasas ha supuesto un duro mazazo a los profesionales del ejercicio libre del Derecho y si nos atenemos a nuestra realidad más cercana, la de Jaén, esto que se nos viene encima sumado al retraso que la Junta de Andalucía acumula en el pago del turno de oficio oscurece el futuro de una profesión necesaria para la sociedad. Por cierto, la mía.

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