Ceuta y Jaén

Faltaba poco para sentarme en la mesa a almorzar cuando la televisión, encendida, sin que yo le hiciera gran caso, escupió el dato que cada cierto tiempo tiene que soltar de cómo el paro sube y no para en este país. La mayor tasa de paro en España se localiza en Ceuta, con un 41% y en nuestro Jaén con un 39%. Por ese orden.

La noticia en aquel momento me sentó como una bofetada que me dejó bastante tocado. Soy jiennense de nacimiento, parte de mis raíces son ceutíes. Conozco de primera mano la realidad de ambos lugares. Y si aquí la cosa está mal no quiero pensar lo que me encontraré en diciembre cuando regrese a Ceuta por Navidad.

Si allí el sueño de cruzar del estrecho en busca de un futuro mejor fue siempre el objetivo de muchos, aquí, al igual que allí sucede con los jóvenes de mi edad, son cada vez más los que se ven en la necesidad de tomar las maletas y abandonar su tierra para buscar lo que aquí no encuentran. Lo que aquí no tienen. Un trabajo, un futuro mejor.

Conozco varios ejemplos de jiennenses que andan trabajando bastante lejos de Jaén. También muchos casos de quienes tras estudiar una carrera y tener un máster, andan cursando otra carrera más. Ampliando y agigantando su formación académica sin haber tenido aún la oportunidad de acceder al mercado laboral y si lo han hecho, ha tenido que ser bajo el concepto de “trabajo en prácticas”. De gente que ha estado años opositando y ha tenido que renunciar a continuar con el intento, ya ni hablemos. En definitiva todos conocemos casos porque nadie es ajeno a esta situación prolongada donde la luz ,de momento, no se divisa al final del túnel.

Ceuta y Jaén a la cabeza de la cola de personas que andan sin poder trabajar. Si me duele por Jaén, más me duele por Ceuta, ciudad que parece que sólo puede aparecer en los titulares de prensa por la vía de lo trágico cuando no de lo escandaloso. Una ciudad más cercana de lo que muchos puedan pensarse y tremendamente desconocida donde el tiempo parece detenerse porque allí las horas se ralentizan y las prisas sólo aparecen si estás a punto de perder el próximo barco hacia Algeciras.

Se asemeja a Jaén en que también se asienta la ciudad bajo una fortaleza, la del Hacho, y parte de su urbanismo no se entendería sin sus cuestas, bastante menos pronunciadas a las que subimos aquí. Me pongo a pensar en el futuro que a mis primos les aguarda allí y me preocupo, aunque a ellos afortunadamente les queda mucho por vivir en una ciudad que ve como sus jóvenes salen fuera a estudiar y ya no regresan. Excepción, la de mi amigo Hugo, caballa como el que más, que en tiempos de crisis ha sabido apostar y emprender, montó un restaurante junto a la playa de La Ribera y ha generado varios puestos de trabajo en su ciudad. Un valiente. Y valientes como él son los que hacen falta tanto en Ceuta como en Jaén.

Publicado hoy en el Diario Viva Jaén

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