Un Nobel en una portátil

Mario Vargas Llosa, con la montera de Curro Romero, al recoger el Premio Nobel de Literatura

No me refiero precisamente a echar un cigarro en una plaza de toros de quita y pon. Hablo de algo que pudo suceder hace ahora una semana en La Carolina.

   En La Perdiz, al mediodía, almorzaba nada más y nada menos que Mario Vargas Llosa, quien mucho antes de ser escritor de éxito era aficionado a los toros desde la infancia, y hace no mucho se le concedía el Premio Nobel.

   A mitad de camino, parando en La Perdiz, como tantos hacen a su paso por Jaén, allí se encontraba él y allí se lo encontraron el empresario de la plaza de toros y mi amigo Javier García Baquero, compañero de COPE Huelva.

   Quisieron invitarlo al festejo de la tarde, y se entusiasmó, pero hubo  de declinar la invitación al encontrarse acompañado y tener que continuar su camino hacia Madrid.

   Me cuentan, que durante el breve encuentro, no paró de hablar de toros con pasión y que se quedaba con las ganas de acudir a una plaza portátil de esas que tanto le recordaban a las plazas de toros de su Perú natal cuando era un niño.

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