Una historia verídica

Cuando uno cierra los ojos y se echa a dormir, nos dejamos llevar por nuestros sueños. Algunos con suerte se cumplirán y otros nunca los veremos materializados.

  Lo que le pasó el sábado a un amigo mío, cuyo nombre no revelaré, mucho tiene que ver con esto. Soñaba, no me extraña en absoluto, con que estaba cuajándole un faenón a un toro en La Maestranza. Por un motivo inexplicable, pero verídico, se despertó a la mañana siguiente sangrando por la boca, de forma que la almohada, las sábanas, el pijama tiraban para atrás del susto. Cualquiera diría que allí alguien había despellejado una liebre. El caso es que cuando se despertó, al abrir los ojos miró su mano y lo primero que soltó no fue otra cosa que lo siguiente:

– ¿Qué estoconazo le he pegado no?

  Esto es una historia verídica, que diría Paco Gandía, pues yo estaba presente. Lo que no nos explicamos es qué le pudo pasar para que aquello sucediera.

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